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Actos de amor que reflejan una triste realidad: BULLYING

DM Dic 30

Hace poco una niña de Burgos fue noticia por una propuesta que hizo a su colegio: crear “el banco de la amistad”. 

Pensado, principalmente, como una medida para acoger y ayudar a las/os niñas/os aislados en los colegios y prevenir el bullying. 

Cuando leo en el periódico titulares relacionados con esa enorme capacidad que tienen los niños para empatizar, para mí, es un día para agradecer al universo. 

Me hace feliz que se haga viral algo tan maravilloso.

Por desgracia, también siguen apareciendo muchos titulares relacionados con casos de bullying. 

Un término que, aunque parezca que tiene poco tiempo entre nosotros, existe desde hace unas cuantas décadas. 

Sin ir más lejos, yo misma sufrí bullying en el colegio cuando era una niña.

No lo llamábamos bullying, pero existía.  

BULLYING: LADO A y B DE UN PROBLEMA QUE NO CESA.

Para que exista bullying tiene que haber una víctima y un/una acosador/a. 

Son las dos caras de una misma moneda.

En la base puede existir inseguridad, falta de autoestima y una aceptación de las relaciones violentas que, en uno hace que las reproduzca y en otro que las soporte.

Si es la/el acosador/a, se siente por encima de la otra persona o necesita reafirmarse y lo hace a través de la violencia: desprecios, infravaloraciones, chantajes, agresiones verbales o físicas.

Si es la víctima, aún sabiendo -instintivamente- que puede defenderse, debe enfrentarse no solo al acosador sino al adulto y sus reglas:

  • Dentro del seno familiar: normalizando la violencia o simplemente desconociendo cuál sería la forma correcta de apoyar a su propio niño/a en una situación de bullying. 
  • Dentro del sistema educativo: reprendiendo a la víctima cuando intenta defenderse, no dando lugar ni valor a la versión de la víctima alegando que no es la manera de solucionar el conflicto pero sin dar solución. 

La víctima termina asumiendo este papel y soporta esa violencia sin encontrar recursos ni apoyo.

Y… lo primero que debemos valorar como adultos es que ambos -víctima y acosador/a- están necesitando de nuestra ayuda.

En cualquier caso, ambos, están siendo víctimas de violencia.

LA LÓGICA INVISIBLE DEL BULLING

En la mayoría de situaciones que implican un conflicto, la sociedad tiende a ocuparse del síntoma -el bullying en sí mismo- dando a través de medidas conductivas, soluciones “temporales” que no terminan por resolver la raíz del problema:

  • Alejar a la víctima de su acosador.
  • Hablar en el aula sobre bullying.
  • Generar dinámicas de inclusión para la víctima.
  • Brindar herramientas que estimulen su autoestima.

No digo que estas soluciones estén mal. Todas son positivas para tratar este problema social.

Sin embargo, repito, son soluciones “temporales”. Enfocadas a ver el síntoma sin mirar y resolver la causa. 

Ésta, a día de hoy, sigue siendo un tema sin resolver.

Existe una lógica dentro del bullying –la lógica de la violencia– que nadie parece notar: 

¿Qué quiero decir con esto?

Quiero decir que los niños no nacen violentos. 

Los niños se vuelven violentos por vivir situaciones de violencia.

Y… 

¿Qué promueve este cambio de actitud en las/los niñas/niños?

Sin duda es una consecuencia normal –y esperable– fruto de una educación basada en el poder, el castigo, la infravaloración de la niña/o por el mero hecho de serlo, los desprecios, chantajes y demás lindezas.

¿Conocen esa vieja frase que dice la educación comienza en el hogar? 

Bueno, los/las niños/as simplemente repiten el mismo patrón que tienen en su casa.

Es aquí donde está la raíz del bullying entre niños/as y adolescentes. 

No se pueden imaginar la cantidad de actos de violencia que existen en las relaciones que mantenemos dentro del entorno familiar o entre parejas.

Y lo peor no es esto.

No.

Lo peor es que, lo hemos normalizado de tal forma que ni nos planteamos que eso sea violencia.

COMO MADRE-PADRE ¿SOY PARTE DEL BULLYING? 

Sí, lo sé. 

La primera impresión que te viene sobre esta pregunta es que te estoy señalando con el dedo como “culpable”.

No es esa mi intención.

Sin embargo, si queremos que haya un verdadero cambio y que el bullying deje de reproducirse debemos mirarnos. 

Debemos revisarnos como adultas/os. 

Tener claro qué estamos reflejando en nuestros/as hijos. Y sobre todo, responsabilizarnos de nuestros actos.

Sí las siguientes situaciones te resultan familiares es probable que estés siendo parte del problema:

  • Niegas las emociones de tu hijos: “no llores, no pasa nada, no es para tanto”.
  • Gritas o riñes, desconectándote de la necesidad de tu hija/o.
  • Utilizas castigos como medio de aprendizaje: impones y haces sentir mal al otro para que –supuestamente– “aprenda”.
  • Agredes físicamente: cachete, nalgada, empujón, quitar la ropa a la fuerza, sacar del coche o meter a la fuerza.
  • Chantajeas: “si haces eso mamá o papá se pondrán tristes”.

Con actos de violencia de este tipo le estamos enseñando a nuestros hijos/as que las persona que lo quiere y que sienten por encima suyo puede tratarlos mal.

Le estamos enseñando que eso es normal.

Le estamos mostrando, erróneamente, que el amor puede ser sinónimo de violencia. 

Y… 

¿Y qué aprenden nuestros niños/as de esto?

  • Aprenden que hay jerarquías y que el de arriba puede mandar al de abajo de la forma que quiera. 
  • Aprende que la autoridad y el respeto se ganan con violencia. 
  • Aprende que lo suyo no es importante.
  • Aprende a sentirse inferior, con baja autoestima.
  • Aprende a no quererse ni a respetarse.
  • Aprende a necesitar machacar a otros para sentirse un poco mejor.

BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS CONTRA EL BULLYING

Pero siempre estamos a tiempo de cambiar y de promover el cambio positivo en nuestros hijos/as. 

Siempre estamos a tiempo de enseñarles que la mejor forma de relacionarse es a través del amor.

Afortunadamente eres parte de la solución.

Aquí te dejo algunos recursos para trabajar contigo y con tu hijo/a .

Para la víctima:

  • Si crees que tu hijo está siendo acosado, pregúnteselo. Muchas veces no dan esa información voluntariamente porque se sienten avergonzados o tienen miedo.
  • Puedes generar un espacio donde se sienta, principalmente, seguro/a y escuchado. 
  • Busca nuevas formas de comunicación que promuevan su autoestima. 
  • Valida su forma de poner límites. Este simple acto de apoyo le servirá para enfrentarse a cualquier tipo de circunstancias de su vida.

Para el/la acosador/a:

  • Lo primero que debemos entender como adultos, es que nuestros hijos/as son nuestro fiel reflejo. Por eso, para entender por qué hace lo que hace, debemos mirar qué imagen está reflejando mi YO adulto en mi niño/a.. Mírate con sinceridad. Fíjate si algo de ti refleja violencia y trata de revertir inmediatamente esa relación contigo y con tu hijo/a.
  • Recuerda siempre que tú eres el adulto. Debes comportarte, resolver y dar el ejemplo como tal. 
  • Nunca ejerza la violencia con él/ella. Solo conseguirás que siga desquitándose con otra víctima.
  • No lo estigmatices.

Recuerda que la única receta válida para tratar la raíz de este problema es mirarnos como adultos con sinceridad y amor, buscando sanar nuestras propias heridas abiertas.

“Ojo por ojo y el mundo acabará ciego”

Delhi Mahatma Gandhi

Soy María Villalba, Psicóloga de familia y madre. Acompaño a familias desde el embarazo en la comprensión y gestión de su mundo emocional y en el acompañamiento y crianza de sus hijas/os. Imparto cursos y talleres dirigidos a madres y padres conscientes. Puedes conocerme un poco más en 
psicologiainfantilymaternidad.com